En el manifiesto que ese mismo 3 de octubre de 1968, dieron
los militares, estos trataron de justificar el golpe arguyendo contra el
gobierno depuesto la «seuda solución entreguista dada al problema de La Brea y
Pariñas». Acto seguido se dio el Estatuto que regiría al autodenominado
Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Los comandantes generales del
Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea se constituyeron en Junta Revolucionaria
y designaron al general Juan Velasco Alvarado como Presidente de la República.
A diferencia de la Junta Militar de 1962, la Junta Revolucionaria instalada en
1968 no puso límite al tiempo en que permanecería en el poder. Se habló de un
“proceso” requerido para llevar a cabo las grandes reformas que el país
precisaba. En principio el gobierno revolucionario se sujetaba a la
Constitución vigente (la de 1933) y a las demás leyes, pero siempre en cuanto
estas «sean compatibles con los objetivos del gobierno revolucionario». En
otras palabras, la Constitución y las leyes quedaban subordinadas a los
objetivos del gobierno.
El 9 de octubre de 1968, el gobierno ordenó la toma de las
instalaciones de la IPC en Talara, la misma que la realizaron las fuerzas de la
Primera Región Militar con sede en Piura, al mando del general Fermín Málaga.
Este hecho tuvo un gran impacto en el país y ayudó al gobierno a consolidarse
en el poder. La fecha del 9 de octubre se celebró a lo largo del gobierno
militar como el Día de la Dignidad Nacional. Posteriormente, esta efeméride fue
eliminada del calendario cívico del país al restaurarse el gobierno
democrático. La IPC fue expulsada definitivamente del país, y aunque Velasco
anunció reiteradamente que no pagaría ningún centavo a dicha empresa (que era
filial de la Standard Oil de New Jersey), más tarde se supo que el gobierno
negoció en secreto con la IPC, y que, mediante el Convenio De la Flor-Greene,
el Perú pagó una indemnización de 76 millones de dólares. En cuanto a los
adeudos que la IPC tenía con el Estado peruano, no se volvieron a mencionar
nunca más.3
Velasco conformó un gabinete compuesto por ministros
militares y civiles. Su primer ministro y ministro de Guerra fue el general
Ernesto Montagne Sánchez. En líneas generales, su política se enfocó a
nacionalizar los sectores claves de la economía por medio de medidas
proteccionistas e intervencionistas. Se rodeó de muchos civiles de notoria
filiación izquierdista y tanto él como el resto de los militares que integraban
la Junta y el Consejo de Ministros, se decían “progresistas”.
Fernando Sergio Marcelo Marcos Belaúnde Terry (Lima, 7 de
octubre de 1912 - Lima, 4 de junio de 2002) fue un arquitecto, estadista,
político y presidente del Perú en dos mandatos no consecutivos: de 1963 a 1968
y de 1980 a 1985.
Perteneciente a una familia tradicionalmente ligada a la
política, cursó su educación secundaria en París y sus estudios superiores en
las Universidades de Miami y Texas en Austin, Estados Unidos, donde obtuvo el
título de arquitecto en 1935. Al regresar a Lima, fundó la revista El
arquitecto peruano y se dedicó a la docencia en la Universidad Católica y luego
en la Escuela de Ingenieros de Lima que, en 1955, se convirtió en la
Universidad Nacional de Ingeniería, y de cuya facultad de Arquitectura fue primer
decano. Ingresó a la política en 1944, cuando contribuyó a formar el Frente
Democrático Nacional (FDN), que propició la candidatura y posterior elección
presidencial de José Luis Bustamante y Rivero, en cuya lista fue electo
diputado por Lima (1945-48).
Al convocarse las elecciones de 1956 fue lanzado como
candidato presidencial por el Frente Nacional de Juventudes Democráticas
(FNJD), grupo que dio origen al partido Acción Popular. Impuso su inscripción
ante el jurado electoral por medio de una célebre protesta en las calles de
Lima conocida como «El Manguerazo». No ganó entonces pero inició una campaña
recorriendo todo el país, pueblo por pueblo, bajo el fundamento ideológico «El
Perú como doctrina» y «La conquista del Perú por los peruanos». Postuló por
segunda vez en las elecciones de 1962, que fueron anuladas ante las sospechas
de fraude. Volvió a presentarse en las elecciones de 1963, en alianza con la
democracia cristiana, y resultó elegido presidente constitucional para el
período 1963-69. Su gestión estuvo orientada a las grandes obras públicas:
construcción de carreteras (principalmente la Marginal de la Selva),
aeropuertos, conjuntos habitacionales, reservorios, etc. Asimismo, restituyó el
origen democrático de las autoridades municipales; sin embargo, enfrentó una
crisis política al no contar con mayoría parlamentaria y, en cuanto a política
económica, no pudo controlar la inflación.
Al tratar de resolver el asunto del petróleo con la
International Petroleum Company (IPC), suscribió el Acta de Talara que fue
calificada por la oposición de entreguista, lo que propició el estallido de la
revolución institucional de la fuerza armada, encabezada por el general Juan
Velasco Alvarado, el 3 de octubre de 1968. Derrocado y desterrado a Buenos
Aires, pasó después a los Estados Unidos, donde se dedicó a la docencia
universitaria. Retornó al Perú en 1978, y aunque su partido no participó en la
Asamblea Constituyente de 1978, postuló a las elecciones generales de 1980, en
donde fue elegido por segunda vez Presidente Constitucional de forma no
consecutiva, para la primera mitad de la década. De inmediato convocó a
elecciones municipales y restituyó los medios de comunicación expropiados por
la dictadura militar a sus propietarios. Debió enfrentar los efectos desastrosos
del Fenómeno del Niño, el surgimiento de los grupos terroristas de Sendero
Luminoso y el MRTA, y el agravamiento de la crisis económica que ocasionó una
oleada de huelgas y paros laborales. No obstante, llevó adelante una política
de obras públicas, especialmente en lo referente a la educación, vivienda y
carreteras. Finalizado su segundo gobierno, continuó actuando en la política
como líder de Acción Popular. Fue uno de los propulsores del Frente Democrático
(FREDEMO), una alianza de fuerzas políticas de derecha de la que formaba parte
su propio partido y que en las elecciones de 1990 lanzó la candidatura del
escritor Mario Vargas Llosa, que fue derrotada por la de Alberto Fujimori.
Durante el régimen fujimorista actuó en la oposición. A inicios del 2001
transfirió la presidencia de su partido a Valentín Paniagua, quien fue
presidente del gobierno transitorio luego de la estrepitosa caída de Fujimori.
Ya retirado de la política, falleció al año siguiente.
Fue hijo de Nicolás Lindley Stoppanie y Hortensia López. Su
familia era de ascendencia británica, siendo su abuelo, Joseph R. Lindley,
fundador la empresa Inca Kola, que después asumiría su tío, Isaac Lindley.
Cursó la educación secundaria en el Colegio Anglo-Peruano (hoy San Andrés). En
1926 ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos y egresó en 1930 como alférez
de caballería en el primer puesto de su promoción. Pasó después a la Escuela
Superior de Guerra del Perú (1939-40), donde también obtuvo el primer lugar de
su promoción. Enseguida prosiguió su carrera dentro del Ejército del Perú.
Ascendió sucesivamente a teniente (1933), capitán (1936),
mayor (1941) y teniente coronel (1945). Ejerció el cargo de secretario de la
Escuela Superior de Guerra y profesor de Táctica General y Estado Mayor de la
misma (1942-1945). Fue edecán del presidente de la República entre 1945 y 19461
. Enviado a la Escuela de Comando y Estado Mayor en Fort Leavenworth, Kansas,
Estados Unidos, permaneció allí un año ejerciendo como instructor. A su regreso
en 1947 ocupó el cargo de profesor en la Escuela Superior de Guerra y director
de la Escuela de Caballería. En 1951 fue enviado a Chile como agregado militar
y a su regreso recibió el ascenso a coronel (1953).
Sucesivamente, fue jefe de Estado Mayor de la Primera
División Ligera (1953), jefe de Estado Mayor del Centro de Instrucción Militar
(1954) y comandante general de éste (1955-58). En1956 fue ascendido a general
de brigada y en 1958 fue nombrado inspector general del Ejército. Ascendido a
general de división en 1960, ocupó el cargo de jefe de Estado Mayor del Ejército
y finalmente el de comandante general del ejército (1960-62).
El 18 de julio de 1962 secundó al general Ricardo Pérez
Godoy en el golpe de Estado que defenestró a Manuel Prado Ugarteche e instauró
una Junta Militar de Gobierno, cuya finalidad principal era cerrar el paso al
aprismo (que resultó como ganador en dichas elecciones, pero sin alcanzar el
tercio del electorado ) y convocar en el plazo de un año a nuevas elecciones a
cuyo ganador deberían entregar el poder el 28 de julio de 1963. Se alzó como
pretexto el hecho que el gobierno había propiciado un fraude electoral,
acusación que nunca ha sido demostrada.
Instalada la Junta Militar de Gobierno presidida por Ricardo
Pérez Godoy, Lindley ocupó el cargo de Ministro de Guerra. Los otros miembros
de la Junta fueron el teniente general de la Fuerza Aérea Pedro Vargas Prada y
el vicealmirante Juan Francisco Torres Matos.
Cuando Pérez Godoy dio señales de pretender quedarse más
tiempo en el poder, fue relevado de la presidencia de la Junta, que Lindley pasó
a ejercer desde el 3 de marzo de 1963, con el firme propósito de cumplir con el
plazo fijado inicialmente
Durante este período se depuró el padrón electoral y se
convocó a nuevas elecciones en un clima de tranquilidad, en las que resultó
ganador Fernando Belaúnde Terry. Tras dejar el gobierno en la fecha prevista,
Lindley fue enviado como embajador extraordinario y plenipotenciario del Perú
en España, que ejerció de 1964 a 1975.
Luego regresó al Perú, donde vivió hasta su muerte en 1995,
a la edad de 86 años.
Ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos en 1924, de la cual egresó con el grado de alférez de caballería. Ocupó el primer puesto en la promoción de su arma. En sus estudios obtuvo el diploma de Estado Mayor y ejerció la docencia en la Escuela Superior de Guerra. Durante su carrera militar se desempeñó como agregado militar de la embajada del Perú en Bolivia, jefe de estado mayor de la Primera División del Ejército, jefe político y militar de la Tercera División Ligera, jefe de la Dirección General de Instrucción Militar, controlador general del ejército, comandante general del mismo y presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. En tal posición y a título institucional, desconoció el proceso electoral llevado a cabo el 10 de junio de 1962, haciéndose eco de las denuncias de fraude en varios departamentos. Los candidatos más favorecidos en dichos comicios habían sido Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del Partido Aprista; Fernando Belaunde Terry, líder de Acción Popular; y Manuel A. Odría, ex presidente, por la Unión Nacional Odriísta, pero sin obtener ninguno el tercio requerido por la Constitución. Haya de la Torre manifestó su voluntad de renunciar, pues era notorio que las FF.AA. no permitirían la llegada del APRA al poder, mientras que Belaunde insistió en calificar de fraudulento el proceso y reclamó su anulación en varios departamentos. El jurado electoral continuó sin embargo su labor de escrutinio y dio a conocer los resultados, en los que Haya encabezaba con una ligera ventaja sobre Belaunde. La decisión final debía trasladarse al Congreso, en el cual se produjo una alianza pretendidamente contraria a la voluntad ciudadana para encumbrar al general Odría, apoyado por los parlamentarios de su partido y los del APRA, alianza por lo demás insólita pues Odría había perseguido en su gobierno a los apristas. El Comando Conjunto de las FF.AA. dio entonces un ultimátum al jurado electoral para que anulara las elecciones y convocara a otras, lo que no consiguió; entonces se produjo el golpe de estado que derrocó al presidente Manuel Prado, el 18 de julio de 1962, instaurándose una Junta Militar de Gobierno.
BIOGRAFIA El coronel Eleuterio Aramburú (siglo XIX), fue un militar y políticoperuano que ocupó la presidencia del Perú por unos días en el mes de marzo de 1843, durante el período conocido como la Anarquía Militar.
Eleuterio Aramburú, como militar de oficio, participó en las contiendas civiles de la naciente República del Perú, durante las décadas de 1830 a 1840.
Actuó durante la guerra civil de 1834, lucha que enfrentó a los orbegosistas (partidarios del presidente Luis José de Orbegoso) y los bermudistas (partidarios de Pedro Pablo Bermúdez, que a la vez era subordinado del general Agustín Gamarra). Tras la reconciliación de ambos bandos en el abrazo de Maquinhuayo (sierra central peruana), Aramburú fue el agente que posibilitó que el gamarrista Miguel de San Román, triunfante en el sur, se pronunciara a favor de dicha reconciliación, lográndose así la pacificación del país.
Algunos años después, Aramburú se cuenta entre los firmantes del acuerdo del 24 de agosto de 1838, realizado en el salón de la Universidad de San Marcos, con el propósito de restituir el orden constitucional quebrado tras la invasión boliviana de 1835 y el establecimiento de la Confederación Perú Boliviana.
Durante la anarquía desatada tras la muerte del presidente Agustín Gamarra en la batalla de Ingavi, en Bolivia (1841), Aramburú ejerció como comandante general de la guarnición de Lima, al servicio del presidente Juan Francisco de Vidal. Ante el avance de la revolución de Manuel Ignacio de Vivanco, Vidal abandonó el poder entregándolo a Justo Figuerola, el 15 de marzo de 1843. Días después, Aramburú se pronunció a nombre de Vivanco y destituyó a Figuerola (19 de marzo). Pero solo estuvo en el poder tres días. Tras los interinatos sucesivos del coronel José Rufino Echenique y el general Juan Antonio Pezet, Vivanco asumió el poder, instaurando el Directorio (7 de abril de 1843).
Fue hijo del español Domingo Figuerola Castiglio y de Ana María Juana Francisca de Estrada Alvarado. Trasladado a Lima, estudió en el Real Convictorio de San Carlos, donde se graduó de bachiller en Sagrados Cánones (1795). Hizo su práctica forense en el estudio de Cayetano Belón y se recibió de abogado en 1797.
Retornó a Lambayeque, donde aparece como capitán de las milicias locales en 1801 pero poco después se incorporó a la labor académica en la Universidad de San Marcos, donde pronunció una oración laudatoria con motivo de la proclamación del rey Fernando VII, el 14 de octubre de 1808. Se desempeñó como catedrático de Filosofía Moral, Código y Vísperas de Leyes, así como procurador. Luego ejerció como notario mayor del arzobispado de Lima (1814-1824).
Fue uno de los primeros en firmar el Acta de la Independencia del Perú, el 15 de julio de 1821. El 17 de enero de 1822 pronunció la oración laudatoria a José de San Martín durante la recepción dada por la universidad de San Marcos al Libertador
Fue elegido diputado por Trujillo en el primer Congreso Constituyente de 1822, cuya presidencia asumió el 23 de junio de 1823. En julio de ese año y junto con otros diputados, siguió al presidente José de la Riva Agüero en su viaje a la ciudad norteña de Trujillo. Estando allí, dicho mandatario decretó de manera arbitraria la disolución del Congreso y la creación de un Senado de 10 miembros, siendo designado Figuerola como representante por Huancavelica. Sin embargo, éste se negó a apoyar a Riva Agüero en su rebeldía, y de vuelta en Lima, se reincorporó al reinstalado Congreso, cuya presidencia reasumió, hasta el 20 de septiembre de 1823. Este mismo Congreso despojó de su autoridad a Riva Agüero y nombró como nuevo presidente a Torre Tagle, que finalmente otorgó el poder al libertador Bolívar.
Consolidada la independencia, formó parte de la comisión encargada de preparar los proyectos de los códigos Civil y Criminal y fue nombrado vocal de la Corte Superior de Justicia en 1825. Pronunció una salutación en honor de Bolívar durante el banquete ofrecido a éste en el Palacio de Gobierno, al celebrarse el primer aniversario de la batalla de Junín.
Durante la segunda presidencia de Agustín Gamarra fue nombrado primer vicepresidente del Consejo de Estado en 1839 (cargo equivalente al de segundo vicepresidente; el presidente de dicho Consejo era Manuel Menéndez, que, por ende, era el primer vicepresidente). Tras la muerte del presidente Gamarra en la batalla de Ingavi, se desató la anarquía, y a Figuerola le correspondió hacerse cargo del Poder Ejecutivo en dos oportunidades
Fue hijo de Julián Vidal y de Ventura Laos (o La Hoz). En su niñez ayudó a su padre en las tareas agrícolas, y llegó a ser nadador y jinete excelente; aunque se afirma también que pasó a Lima para estudiar en el seminario conciliar de Santo Toribio, y que solo laboró en el campo durante los períodos vacacionales. Lo cierto es que estuvo presente en la proclamación de la Independencia realizada en Supe el 5 de abril de 1819, mientras desembarcaban las tropas patriotas de Lord Cochrane en su primer crucero. Fue admitido en las fuerzas patriotas como subteniente de infantería de marina, y se le encomendó establecer contacto con los patriotas de Lima, así como a requisar dinero y capturar presas. Viajó con la escuadra a Valparaíso (Chile), para regresar luego con el segundo crucero en septiembre de 1819. Participó en la persecución de la fragata Prueba hasta la isla Puná, y en Supe logró obtener víveres y agua para la cansada y enferma tripulación. pasó nuevamente a Chile, y a las órdenes de Cochrane marchó hacia el sur, donde todavía resistían los realistas. Al frente de un destacamento de 24 hombres, tomó por asalto el fuerte de Valdivia, el 4 de febrero de 1820, episodio conocido como la Toma de Valdivia, donde se destacó por su arrojo y valor, y se recuerda una frase que dijo entonces: “Donde entra mi gorra, entro yo”. Por esta destacada actuación fue llamado “El primer soldado del Perú”.
Fue ascendido a capitán, pasando a integrar la IV Compañía del Batallón N.° 8 de los Andes. Por entonces se preparaba en Chile la Expedición Libertadora con destino al Perú. Antes de la partida de dicha expedición, Vidal fue comisionado para llevar comunicaciones a los patriotas peruanos, pero naufragó frente a Huarmey, el 10 de agosto de 1820, y junto con unos pocos compañeros sobrevivientes fue encontrado por unos bandoleros. Estos lo llevaron a Pativilca, pero logró escapar y se dirigió a Supe. Los realistas le hicieron una serie de ofrecimientos para sumarlo a sus filas, pero él se negó, por lo que fue perseguido. Enterado del desembarco del Ejército Libertador de San Martín en Ancón, se concertó con otros jóvenes de Supe para dar un golpe de mano a los realistas, que consistió en la captura de 500 caballos y 150 prisioneros con su armamento, con los que se presentó ante San Martín en el campamento patriota.
Al mando de una fuerza fue destacado a la sierra, para secundar la expedición del general Juan Antonio Álvarez de Arenales. Se dedicó a organizar guerrillas o montoneras con las que hostigó a los realistas en las inmediaciones de Lima. Cuando esta ciudad fue abandonada por los españoles en julio de 1821, Vidal y sus tropas se dedicaron a hostigarlos a lo largo de su retirada hacia la sierra. Herido gravemente en la quebrada de Socos, pasó largos meses restableciéndose. Fue asociado a la Orden del Sol, el 12 de diciembre de 1821
Fue incorporado a la Legión Peruana y actuó en la batalla de La Macacona, el 7 de abril de 1822, que fue un desastre para las armas patriotas. Como debía reorganizarse la Legión, fue comisionado para reunir nuevos efectivos en Yauyos. Después del motín de Balconcillo, ocurrido el 26 de febrero de 1823 y que derribó a la Junta Gubernativa, el nuevo presidente José de la Riva Agüero lo envió a guarnecer Huánuco. Tras la llegada de Bolívar y el apresamiento de Riva Agüero en Trujillo, se internó en la montaña donde las tribus de los panataguas, rechazando la oferta de los españoles de sumarse a su bando. Cuando Bolívar unificó el país bajo su mando, se presentó ante él en Lima y solicitó que se le confiara las guerrillas en las vecindades de La Oroya, para hostilizar a los realistas. Ascendido a teniente coronel, el 10 de noviembre de 1823, cumplió su objetivo evitando que el general español Juan Ramírez amenazase la retaguardia patriota antes de la batalla de Junín. Luego dirigió operaciones diversionistas al norte, amagó a los realistas que se hallaban en Lima, en noviembre de 1824; y ante el propio Bolívar luchó en Miranaves contra una columna salida de la Fortaleza del Real Felipe, el 1 de febrero de 1825.
Viajó luego a Bolivia, con pliegos para el general Sucre. De regreso al Perú, fue involucrado en una presunta conspiración (27 de julio de 1826), siendo desterrado a Chile junto con el general Mariano Necochea y otros implicados. Retornó tras la reacción nacionalista del día 27 de enero de 1827, que tumbó al régimen bolivariano. Fue nombrado gobernador de la fortaleza del Callao.
Destinado a Ayacucho a fines de 1827, organizó una expedición contra los rebeldes iquichanos de Huanta, quienes todavía se batían por la corona española. Logró someter a los insurrectos, a cuyos dirigentes apresó en mayo de 1828. Acompañó luego al presidente José de La Mar en la campaña contra la Gran Colombia. Estuvo en la sorpresa de Saraguro el 13 de noviembre de 1829 y defendió la retaguardia peruana en la batalla del Portete de Tarqui. Luego se trasladó al cuartel general de Piura y cuando el presidente fue depuesto por el general Agustín Gamarra, fue enviado a Guayaquil con instrucciones para los jefes de las tropas de ocupación.
Restablecida la paz con Colombia, asumió el comando del Batallón Callao acantonado en Lima. Fue ascendido a coronel el 11 de septiembre de 1829 y pasó a ser edecán del presidente Gamarra. Participó en la campaña en la frontera con Bolivia en 1831, pasó a ser comandante de la guarnición de Ayacucho; y fue ascendido a general de brigada en diciembre de 1832.
Elegido diputado por Lima en 1833, se incorporó a la Convención Nacional (asamblea constituyente). Se le comisionó sofocar la revolución iniciada en el departamento de La Libertad por Felipe Santiago Salaverry, a quien enfrentó en un combate librado en la Garita de Moche (al norte del actual Puerto Salaverry), el 19 de noviembre de 1833. El encuentro fue muy sangriento y se dice que Salaverry estuvo a punto de morir a manos del músico González, pero Francisco de Vidal se lo impidió, ante lo cual Salaverry exclamó: «¡Gracias, generoso!» Al final, resultó triunfador Vidal, quien persiguió a Salaverry hasta tomarlo prisionero en Piura, pero generosamente lo ayudó a fugar. Entretanto había sido elegido presidente provisorio el general Luis José de Orbegoso, el 20 de diciembre de 1833; a los pocos días se alzó el general Bermúdez. Vidal se mantuvo obediente al régimen legal y participó a lo largo de la campaña que finalizó con la rendición de los golpistas.
Cuando Orbegoso inició su gira política por los departamentos del sur en noviembre de 1834, Vidal, como jefe de Estado Mayor General del Ejército, respaldó en Lima al vicepresidente Manuel Salazar y Baquíjano, a quien siguió en su retirada hacia Jauja, tras la proclamación de Salaverry como Jefe Supremo, en febrero de 1835. Cuando Salazar renunció a su débil autoridad, Vidal se trasladó a Huaura. Tomó el mando de la Guardia Nacional y avanzó hacia Lima, que se hallaba desguarnecida y saqueada por el bandolero León Escobar, a quien apresó y fusiló en la Plaza de Armas, el 30 de diciembre de 1835.
En Lima asumió el mando interino de la Nación, hasta el retorno de Orbegoso, el 9 de enero de 1836. Poco después fue ascendido a General de División y nombrado prefecto del departamento de Huaylas (o Áncash), donde se mantuvo al servicio de la Confederación Perú-Boliviana. Pese a ello, respaldó la separación del Estado Nor-Peruano y participó en el combate de Portada de Guías que libraron los orbegosistas contra los restauradores o peruanos-chilenos aliados contra la Confederación (21 de agosto de 1838). Resultó herido en el combate, debiendo retirarse a Huaylas, donde se enteró del viaje de Orbegoso al extranjero. Se puso entonces a las órdenes de Gamarra en contra de los confederados. Luchó en el Puente del Buin y en la batalla de Yungay (20 de enero de 1839), donde comandó la tercera división restauradora.
Sucesivamente, fue prefecto y comandante general del departamento de Junín; jefe de Estado Mayor General del Ejército Restaurador; diputado por Huarochirí en el Congreso General de Huancayo (1839); miembro del Consejo de Estado y su segundo vicepresidente (este cargo era equivalente al de tercer vicepresidente de la República).
Tras la derrota y muerte en Ingavi del presidente Gamarra, estalló la anarquía en el Perú. Legalmente ocupaba el gobierno el presidente del Consejo de Estado, Manuel Menéndez, pero algunos generales pretendieron usurpar el poder. En noviembre de 1841, Vidal fue nombrado prefecto del departamento de Cuzco. Encabezó el Ejército del Sur contra el general Juan Crisóstomo Torrico (autoproclamado Jefe Supremo), a quien venció en la batalla de Agua Santa, el 17 de octubre de 1842. Asumió la presidencia del Perú el día 20 de octubre, debido a las excusas del presidente (Menéndez) y el primer vicepresidente del Consejo de Estado (Justo Figuerola).
Vidal desempeñó su alto cargo con probidad y desinterés. Le acompañaron como colaboradores Benito Laso, Antonio Gutiérrez de La Fuente y Francisco Javier Mariátegui. Hizo cuanto estuvo a su alcance por remediar los males de la administración pública. Logró que disminuyera la deuda contraída por el estado y que gravara sobre las aduanas; también merece citarse su esfuerzo por mejorar la educación de la juventud; él fue quien llevó al colegio de San Fernandoa Cayetano Heredia, y al de San Carlos a Bartolomé Herrera, pero la anarquía política vino a frustrar sus planes. Tuvo que afrontar la revolución acaudillada por el general Manuel Ignacio de Vivanco, y no queriendo desatar una guerra civil, declinó el mando en Justo Figuerola (15 de marzo de 1843). Figuerola aceptó y al día siguiente se presentó en palacio, en donde Vidal le hizo entrega de la banda presidencial.
Desterrado a Chile, poco después volvió al Perú para sumarse al movimiento constitucional iniciado por los generales Domingo Nieto, Manuel de Mendiburu y Ramón Castilla, siendo nombrado prefecto del Cuzco (1844). Triunfante dicha revolución tras la batalla de Carmen Alto (22 de julio de 1844), reasumió sus funciones en el Consejo de Estado; y al restablecerse el orden constitucional, se retiró a la vida privada (1845).
Nombrado gobernador del Callao el 2 de febrero de 1854, colaboró con el presidente José Rufino Echenique hasta su derrocamiento luego de la batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855. Se retiró entonces de manera definitiva de la vida pública y promovió la fundación de la Sociedad de Fundadores de la Independencia y Defensores Calificados de la Patria (1857).